El film de 1960 cuyo estelar
reparto encabezado por Yul Bryner y Steve Mc Queen marcó el inicio de toda una
época en lo que a westerns se refiere, se completaba con figuras como James
Coburn, Charles Bronson y Robert Vaughn, quienes con posterioridad se
transformarían en otros íconos del cine y la tv con personajes como Flint, Napoleón Solo y el
vengador anónimo respectivamente.
Junto a los marketineros
referidos, aparecían también Brad Dexter, el malvado de turno interpretado por el consagrado Eli Wallace, y el muy joven y prometedor por entonces Horst Buchholz, realizando una particular remake del clásico Akira Kurosawa, Los siete samurais.
Más allá del género y las figuras convocadas para el film, una enseñanza se trasluce en medio de las balas y los golpes, el valor de lo propio, la fuerza de lo colectivo. Lo censurable es que quienes imparten esos aprendizajes sean mercenarios y cultores de la apología de la violencia. Claros oscuros de la vida real trasladados al celuloide.
Pero es un clásico para ver de vez en cuando, con una picada y amigos de por medio.
Más allá del género y las figuras convocadas para el film, una enseñanza se trasluce en medio de las balas y los golpes, el valor de lo propio, la fuerza de lo colectivo. Lo censurable es que quienes imparten esos aprendizajes sean mercenarios y cultores de la apología de la violencia. Claros oscuros de la vida real trasladados al celuloide.
Pero es un clásico para ver de vez en cuando, con una picada y amigos de por medio.

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